Detrás de las Risas | Una crónica del Nrmal 2018

Mac Demarco es uno de los ídolos juveniles más influyentes al menos de los últimos tres años, pero para mi sorpresa el tipo es más influyente de lo que pensaba.

Fotos @orlandooliveros

 @huhunicornio

Rodrigo Cerezo

Alivianame Carnal

 

“OFICIAL: Los boletos para NRMAL 2018 se han agotado en línea y en La Roma Records (No habrá venta en taquilla). Todo listo para que sea una edición histórica. Nos vemos mañana.”

¡¿Qué Queeeeee?!

Esta era mi realidad el día dos de marzo, un día antes de que se llevara a cabo el noveno festival NRMAL y que dicho sea de paso, este año cumplió 4 años en la Ciudad de México. La ciudad de las oportunidades. La ciudad de los sueños. Y también, para mi mala suerte. Este año el festival alcanzó su primer lleno.

Pero como esta es la ciudad de las oportunidades, todo puede pasar en menos de 24 horas. Así como la serie de televisión policiaca emitida por la cadena Fox.

Regresemos al día dos de marzo, dos horas antes de que se agotaran las localidades, o como le dicen los chavos vanguardistas: Sold out.

Me tumbé a fumar en un viejísimo sillón rojo lleno de polvo. Puse mi mejor disco y ya estaba flotando junto a los Stones. La vida nunca había sido tan dulce, dice un Umpa Lumpa.

 

Pasó el tiempo y me puse a revisar las redes sociales. Nada por aquí, nada por allá, todo aburrido, lo mismo de siempre. De golpe, como un balonazo en la cara se me estrella el mensaje: ya se te agotaron los boletos mija, estas fuera.

¡uuuta! ¿’ora que?

¿Cuál era el problema? Mi hermano, hace dos meses me pidió que le comprara un boleto. Me confié, se me olvidó y hasta que vi este anuncio del sold out me cayó el veinte. Ahí me tienes revendedor, soy tuya.

En este momento imaginemos que soy Jack Bauer y que tengo menos de 24 horas para lograr la misión. Ya no haré el cuento mas largo, acabé arriesgando mis monedas. Le deposité a una desconocida mis centavos después de que ella me escribiera: “pues sólo te queda confiar, no se qué garantía darte”.

Andale pues, toma todo mi dinero.

 

Con un poco de incertidumbre por aquello del boleto, mi hermano y yo nos lanzamos a la aventura siendo casi las dos de la tarde del día tres de marzo de 2018.

Un solazo insoportable bañaba la pintura de los coches que lento pero sin pausas circulaban sobre Constituyentes;  al fin llegamos.

¿Vienen a la tocada de rock? dice un uniformado.

Sí, le contesta mi hermano, ocultando risas burlonas, estacionamos el carro,  nos formamos, nos revisan los boletos.

Aquí se hace un close up a mis ojos. Nerviosos. Pequeñísimas gotas de sudor en mi frente y nariz. Bep-Bep.

Ya pasaron los dos boletos. Lo logré, una preocupación menos. Ahora sí, pásenme una cerveza. Jack Bauer salva el día otra vez.

 

 

 

 

NRMAL. Lo más fresco del Underground.

 

No hace falta que hable de los actos musicales que NRMAL ofrece a sus clientes que año con año, fieles, acuden al evento. Todo eso ya lo habrás leído en algún otro lado, o lo habrás vivido en carne propia. No importa la ciudad ni el lugar, hay, incluso a quienes no les importa tanto quién va a tocar. Lo importante es estar, la experiencia no decepciona. En nueve años el festival NRMAL se colocó entre los más importantes del país, algo que podría pensarse difícil por su condición de festival-boutique o ¿será que poco a poco se convierte en un macro-festival?

El festival promete, a parte de “lo más fresco del underground”  entendiendo y confiando en que esta expresión hace referencia a la música, una experiencia para gustos particulares y específicos. Está dirigido a un determinado público y que no cualquiera puede gozar, no por la condición económica sino por la condición sociocultural de la audiencia al que esta dirigido y los consumos que este realiza. El festival tiene una estética y estilo definido por consiguiente el NRMAL la pegó, consiguió crear sentido de pertenencia e identidad en sus asistentes, quienes como ya mencionaba año tras año están, incluso algunos acuden ya sin importar, tanto, qué  actos musicales se presentarán.

 

Aquí llega el salto de altura, el festival este 2018 llegó al sold out… Qué emoción para sus organizadores, pero qué joda para sus asistentes. Yo no me quejo.

Camino y sí, noto que conforme avanza el día hay más y más gente, es algo normal cosa de cualquier festival, pero para algunos otros asistentes esto fue sorpresivo. “Ahora hay mas gente que antes” “nunca había estado así” “¿qué pedo? ¡hay un chingo de gente!”.

Afuera de los baños siempre hubo filas, la zona de comida siempre estuvo llena, los escenarios ¿adivinen qué? también llenos y obviamente que las barras de alcohol y bebidas tenían filas de hasta veinte minutos; vuelvo, es algo normal en los festivales, pero no tan normal de los festivales pequeños.

Y repito, ¿será que NRMAL se prepara para alcanzar más público sin perder los valores y principios bajo los que se rigen? ¿ahora el under es mainstream y el mainstream es under?  ¿Qué es el underground y qué es el mainstream?

 

 

Caminando por el festival mis amigos notaron a varias personas con vasos de plástico transparente que contenían algún liquido color agua de guayaba, en principio pasaron desapercibidos, como cualquier agua de guayaba. Minutos después alguien se fijo mejor y exclamó: ¡¿Es pulque?!. Y sí era pulque. Hace diez años era impensable la idea de pulque en un festival, principalmente por razones de practicidad.

Ahora estaba a la venta en el NRMAL en la zona de comidas. Un autobús larguísimo adecuado como food truck con la palabra pulque en el toldo. Cada una de las letras estaba formada por focos, como letrero en Las Vegas. Y una impresionante fila para comprar un litro a ochenta pesos, todos estaban formados, los “Mac Demarcos”, los “metalheads”, los perritos, el muchacho con playera rosa y saco de terciopelo negro, las muchachas con chamarras noventeras y tenis Air, los señores, todos.

Sí, se acabó y todavía no iba ni a la mitad el festival.

 

Mi amigo después de reflexionar algunos minutos dice: “para la próxima voy a venir a vender elotes”  le respondí que sí vendían también elotes e incluso había un carrito con papitas y botanas. Él, con cara desanimada me dice “yo lo decía de broma, ahora se me hace algo triste”. Y minutos después mi hermano, que no estaba cuando la escena del pulque. Ve pasar gente con elotes y me dice “el año que viene voy a traer el negocio milenario, voy a vender pulques, se llamaran Los Pulques de Apan” Le conté que ya le habían ganado su idea vanguardista, él ríe y no puede creer.

El elote y el pulque en el NRMAL son sólo pequeñas muestras de lo qué somos los jóvenes mexicanos en 2018. Sobretodo el pulque qué ahora forma parte del mainstream, qué es una tendencia y qué en percepción para algunos de los consumidores jóvenes, al menos dentro del festival, parece no ser una tendencia sino una forma de expresar individualidad y por tanto estar en onda y ser cool.

Y otra vez ¿El under es mainstream y el mainstream es under?

 

Yo Millennial. En Busca Del Coolness Perdido

 

Los outfits, el atuendo, el traje, el atavío. ¿qué sería de nosotros humanos sin este recurso que nos permite comunicar más allá del lenguaje?

Hablemos de los outfits que desfilaron por el NRMAL 2018. Que sin dudas ni discusiones ya forman parte del paisaje e identidad del festival. ¿Qué es un NRMAL sin las propuestas que los chavos nos llevan? Las tendencias. Las modas. Los colores. Es un agasajo. Es un gusto siempre apreciar estas expresiones culturales en los conciertos.

 

La cosa siempre ha sido verse y sentirse cool.

Según el concepto dado por Joseph Heat entendemos el termino cool como: “Cool se usa mayoritariamente para definir una actitud cultural que podría definirse como vanguardista, alternativa y estilosa.” (Heat, 2004). La cosa es no desencajar, seguir en onda y mantenerse ecuánime, nadie quiere vivir a medias la experiencia y eso incluye sentirte a gusto contigo mismo y los personajes con los que se interactua en el festival. La cosa siempre ha sido vernos y reconocernos a partir de la figura del otro. Vestirse y ser o aparentar ser lo más autentico posible. Tampoco quiero que piensen que me vestí a propósito de esta manera para encajar. La cosa, al fin, siempre ha sido ser Cool.

 

“el consumismo viene de la necesidad que tienen los adolescentes de gustar, y como para gustar hay que imitar a los que gustan, al final todos acaban por querer llevar los mismos zapatos, oír la misma música o ir a los mismos colegios. En otras palabras, intentar gustar es lo mismo que intentar integrarse.”  (Heat, 2004)

Bien es sabido que Mac Demarco es uno de los ídolos juveniles más influyentes al menos de los últimos tres años. Pero para mi sorpresa el tipo es más influyente de lo que pensaba. Para donde sea que dirigiera la mirada encontraba racimos de jovencitos vestidos como Demarco, hombres y mujeres por igual.

Ahí en las mesas de comida solo se veían gorras aplastadas de colores. En los escenarios no me cansé de ver y ver camisas con todo tipo de estampados. En las filas para entrar al baño muchos Keds, muchos Vans. Pantalones doblados para lucir el calcetín. Shorts ochenteros. No se si haya algún excéntrico que acudió al dentista un mes antes para hacerse un diastema también; Y si, vi a uno con su overol azul marino y su pelo despeinado, esto fue lo que mas había en el Deportivo Lomas Altas.

Pero no fue lo único ni lo más importante. Ni es privativo de Mex. En internet me encontré con la siguiente búsqueda: “What type of hat does he wear?”

 

También estaban las chicas con sus baby bangs y sus chamarras de colores; labios morados, plateados, negros, naranja, verdes, todos los colores. Accesorios transparentes, tornasol, cadenas enormes como las que usaban Run-D.M.C. Circulaban las Dr. Martens de todos colores y tamaños, ya cada vez más metidas en otros significados y usos, le pasó a la mezclilla, le pasó al overol, la paso a la cumbia, le pasó al reguetón, es normal.

Tenis, los había con plataformas, a ras de suelo, de diseñador, genéricos, destruidos, impecables, Todo tipo de tenis hasta para aventar al cielo; otra tendencia en el NRMAL fue la reaparición de los Nike Air o los Jordan que alguna vez fueron marginados y sujetos de burlas.

 

Estaban las chicas con kimonos y faldas extra largas, estampados exóticos y combinaciones casi sacadas del Milán Fashion Week; Parece que ahora se prefiere el estilo sobre la comodidad y practicidad. Vi el icónico pantalón de Beatrix Kiddo como tres veces, algunos chicos también con falda o vestidos floreados, hombres y mujeres formales de pies a cabeza, sacos, pantalones de vestir, accesorios y pelo impecables. ¿cómo le hacen? pensé.

 

También, claro, estaban los metal heads, aunque algunos se notaban algo desencajados por los sonidos que emanaban de los escenarios, ahí andaban caminando bajo el sol, enfundados en chamarras de piel y playeras serigrafiadas con el logo de alguna leyenda del rock o metal, como diría Steven Hyde “This is the official outfit of rock n roll. i’m dressed to jam”.

En fin, una pasarela de atuendos bastante esmerados que dejaba al descubierto a la otredad. Los normies, ¿Quienes son estos personajes? Los normies son la contraparte del chico cool, los normies, vistos desde el ojo de un chico cool, no tienen nada que ofrecer. Los normales ni siquiera entran al juego del consumismo competitivo, su vestimenta no tiene lenguaje y no expresa mucho. Los normies como su nombre indica: son personajes “normales” que pasarán desapercibidos durante el festival. A lo mejor los cool lo voltearon a ver por accidente y se horrorizaron de su falta de gusto para vestir. ¿por qué son tan grises? ¡Se siguen vistiendo como en la secu!. ¿qué onda con su playera? ¿Por qué esta usando eso? Eso es taaan 2010.  Y visceversa, el normie ve al otro con sorpresa, con asombro ¿de qué se disfrazó ese wey? ¡Díganle a esa morra que le devuelva sus pantalones al Beetlejuice! ¡Queee pedo! ¡ese wey trae falda! ¡wooo!.

 

Eran tantísimos chicos cool. Tantos atuendos de ensueño. Tantos objetos y prendas únicas que los chicos cool terminaron por ser mayoría en el festival. Los chicos cool se convirtieron en la norma. Lo diferente, lo autentico, lo único se hizo común, genérico, normal. Se invirtieron los papeles. Los normies aquí son diferentes y los chicos cool son el común. Quienes no encajan en esta norma del chico cool son marginados, mal vistos, pasan desapercibidos. Ya son parte de la otredad. Nadie quiere eso, paradójicamente el chico cool y el normie en su afán de no verse como el otro buscan precisamente, aceptación e integración. Y sí, eso también es normal. Ni bien ni mal, es normal. Y pasa en todos lados. Le pasó a tus papás. Le va a pasar a tus hijos.

 

El Edén Canino

 

Mientras deambulaba por los verdes y esponjados pastos del deportivo del Estado Mayor Presidencial, vi algo que nunca olvidaré: Perritos. Perros de todos tamaños y colores disfrutaban la experiencia NRMAL.  Entre más caminaba, mas perros veía. Los caninos también iban a escuchar a Cornelius. ¡Aaaah! es que el festival es Pet Friendly. Orale. Que chingón perrón.

 En la zona de comida se adecuo un espacio para que los perros tomaran agua, comieran y si querían se echaran a descansar en un lugar a la sombra y fresco. Ahí estaba un pequeño Pug junto a su amo y un Husky dormitando. Parecía que se la estaban pasando bien. Como cuando se hace una carne asada con los compitas un sábado por la tarde. Con cervezas y canciones. Viendo la tarde pasar.

Poco tiempo después llegó el momento esperado. Los perros caminaban rumbo al escenario para ver los primeros actos musicales del NRMAL. Junto a sus amos. Eso si, con correa. Esa era la única condición que pone el festival. 

Pero ¿qué pasa? el Husky que minutos antes descansaba plácidamente a la sombra ahora parecía sufrir. Su dueña quería ir al escenario Blue o tal vez al Black, que están pegados. El husky hace un intento y se mueve. Se aventura a caminar bajo el rayo de sol. A caminar entre las personas que para ese momento ya eran bastantes. Lo pierdo de vista. No pasa ni un minuto cuando Husky con las orejas hacia atrás y encorvado intenta salir corriendo de la zona de los escenarios. Su dueña viene atrás de el. Lo jala. Y ambos regresan a los escenarios. No los vuelvo a ver. 

Sentí pena por el. Quité la mirada de aquella escena para buscar otra cosa que admirar y me encontré con otro perro. Mediano, blanco y café, ojazos color miel. Parecía perdido. No tenía correa. Miraba desconcertado a la muchedumbre. A momentos se perdía entre el polvo y las piernas de los chavos. Todo esto pasó en tal vez medio minuto. Me incorporé para sacarlo del caos pero se fue con un familia que traía otro perro pero, este si, con correa. Tal vez venía con ellos, dice mi hermano.
 

Un dálmata tranquilo caminaba junto a su dueña para todos lados sin protesta alguna. Parecía hacerla más de accesorio que de acompañante, parecía. Un pequeño blanco saltaba inquieto a las espaldas de sus amos mientras ellos platicaban con sus amigos. Otro color miel, acostado, olfateaba el pasto. Otro perro perdido, dice mi hermano. Y así durante todo el día, escenas de perritos gozándola en el NRMAL.

 Ya se oscurecía y el volumen de los escenarios incrementaba. Aunque desde que yo llegué ya estaba bastante alto, habló la señora de 77 años. Por ahí estaba el dálmata tirado. La posición en la que estaba acomodado me recordó a mi perro cuando está harto de vivir. Yo en broma podía decir que me sangraban los oídos por lo que estaba escuchando, reír y seguir mi camino. Dálmata parecía que si sufría las inclemencias del sonido, parecía. Y no había nada que hacer.
Se hizo de noche y ya no vi a ningún perro. Mi amigo dice: ahora he visto mas perros que niños algo estamos haciendo bien.

 

Los peligros de la ciudad: Me convierto en Chavorruco.

 

Hay momentos en la vida del ser humano en los que tiene que aceptar, aunque no quiera, cuando una etapa llega a su fin y este festival me confirmo lo que me había estado negando a aceptar. I’M GETTING TOO OLD FOR THIS SHIT.

Ingresé al festival a una hora en la que el sol está pletórico, enorme, invencible. Para mi mala suerte mi acompañante estuvo jodiendo todo el camino con que su teléfono ya no tenía batería. Así que, después de superar la prueba de los boletos la misión era buscar una maldita área de carga. Puta madre. Caminamos a los escenarios principales. Viendo de frente, a mi lado derecho tenía la zona de la merca, la vendimia. Estaba la Roma Records quienes llevaron material nunca antes visto en su tienda ubicada en Alvaro Oregon 200, también discos y cassettes oficiales de las bandas que se presentaban aquel día en el NRMAL, una que otra joyita y sí, un chingo de discos de Mac Demarco. Se me alocó la canica y les compré una raglán del Sleep. Ya pasada la euforia pensé qué hubiera sido mejor un disco o un poco de alcohol.

 

También estaba Pinche Pin. Un proyecto hecho en México que se dedica a la creación de pines. Colecciones limitadas y algunas colaboraciones con distintos artistas. Esta vez llevaron el logo del NRMAL y ¡sí! también al pinche Mac Demarco ¡jiiijo! Y por ultimo el Funnel Of love un bazar que reúne distintas marcas mexicanas. Esta vez llevaron a la vendimia algunos de sus mejores diseños. La verdad es que no me asome a ver, de lejos, algunas playeras de lo que al parecer era Terminator

Por ahí escondida, estaba el área de cashless o lo que es lo mismo: la zona donde le cargas varo a una pulsera para poder comprar todo dentro del festival. Y junto a esta zona estaban unas enormes letras de espejo que en manuscrito decían la frase: True Taste. ¿Es el nuevo slogan de lucky Stricke? ¿ya no es it’s toasted? Da igual. Estas letras escondían un área de descanso con sillas acapulqueñas, cojines, mantitas sobre el pasto y algunas mesitas para cargar tu celular. Era el stand de Lucky Stricke y ahí me fui a apoltronar para cargar el teléfono del acompañante.

 

No soporté ni veinte minutos. El sol estaba cabrón. Como que se antoja una chelita ¿no? le dije a mi hermano. Ojo, con esta expresión ya podemos dar por sellado mi chavo-ruquismo. Me fui a buscar alcohol refrescante. Para mi asombro mis chelitas estaban más caras que el alcohol de verdad. Va, no hay problema, este perro calor no da tregua y me compro la primer cerveza del día en 140 pesos. Regreso al área de carga y me prendo un cigarro.

 

Las siguientes dos horas son como alguna escena alterna de Fear and loathing in Las Vegas. Yo soy Johnny Deep. Abrazando mi cerveza y besando mi cigarro. Los demás son solo personajes de bulto haciéndome confusa la vida. Frente a mi estaba una claw machine o lo que conocemos como La Garra. Que decide quien se queda y quien se va. Podías jugar gratis y ganar una USB o una funda para tu iPhone 7. No importa si no tienes iPhone, el case ya es tuyo, suertudo. Vi a las mejores mentes de mi generación formadas para jugar la garra y ¿adivinen que? si gané, Johnny Deep se ganó una funda para celular roja con la leyenda True Taste grabada en letras blancas ¡aaaaamonos recios!

 

En algún momento, todo mi ambiente se tornó extraño parece que Johnny Deep se estaba “engentando” como los ñores y me recordé a mi papá.¿me estoy convirtiendo en mi papá?. No tranquila, todo esta bien, dale otro trago a tu cerveza. En dos horas acostada bajo el rayo de sol sin vista a lo que pasaba en los escenarios, me limité a imaginarlo todo. Pero no pude percibir diferencia, nunca supe cuando terminaba una banda, cuando empezaba otra, cuando era la música incidental. Vale madre ¿qué me esta pasando?. Veía a los demás y corrían a los escenarios o salían grandes cantidades de personas de los mismos. Yo estaba mal ¿no? Johnny Deep ya estaba a dos minutos de ver lagartijas gigantes arrastrándose en el pasto.

 

Es que esta música ya no me pasa. No había escuchado todavía nada que me gustara ni que me llamara la atención. Game over, si soy mi papá. Empezó a oscurecer y el Dub de Gaita, un grupo que mezcla cumbia y dub, empezó a tocar. Para este momento si me tire a fumar y fumar en el pasto. Esto ya sobrepasa todo lo que podía soportar, pensé. No por lo que sonaba sino porque ya me sentía con ganas de ir a casa, que triste. Otra vez era Johnny Deep ahora encerrado en el cuarto de hotel alucinando con la guerra. Yo veía para todos lados y algunos saltoneaban frenéticos. Otros bailaban la cumbia con toda la cadencia que te exige cualquier sonidero de la ciudad. Y muchos más estaban como yo, pero, ¿quienes eran? si, mas señores, mas chavorucos o mas jovencitos en vías de licenciarse como el tío.

 

Bah, que más da. Un día me iba a pasar. Ya venía Mac Demarco, el ídolo de los niños. Se atascaron los escenarios. Puta, ¿todos vienen a verlo a el o qué?. Voltear a ver a los morros era enternecedor y al mismo tiempo me llenó de nostalgia, ya no me veía así, a mi ya se me perciben las patas de gallo, gacho. Junto a mi había un grupo de cinco como de 15 años, intentando fumar mota. Cuando por fin lo lograron esperaban tener alucinaciones dignas de unos hongos o de lamer a una rana. Casi me acerco a decirle: hijo, no te hagas wey, la mota no te va a hacer ese paro. Estuvo bien no decir nada, ellos ya estaban super entrados bailando y gozando, parece que se divierten, excepto uno al que le dio la pálida. Lo que menos quieren es a una señora arruinándoles la parranda. El Demarco tocó y dejo en extasis a todos. Verga. Se fue y le gritaban que volviera. La devoción a este wey es cabrona, ya tenía mucho que no veía algo así con los fans.

 

Enseguida se escuchan los macizos golpes de bajo del Sleep, ahuevooo.

Espérense chavos, así es el Stoner, vengan a escuchar que esto si es roooooock, por esto valió la pena ser un señor borracho y desquiciado todo el día.

Cuando por fin llegué a un lugar decente, con mas espacio y vista, escuché: ¡Toma eso Mac Demarco! voltee para ver a quien le iba a estrechar la mano de poeta a poeta, era Ivan Nieblas que entre risas remató con ¡es un pendejo! Y si, en menos de cinco minutos Sleep desmadro todo lo que antes sonó, al menos, en dos escenarios. Son cabrones esos rucos. Llámame como quieras, pero, estas nuevas generaciones ya no aguantan vara, ya no les pasa el Rock n Roll.

Cuando empezó a tocar Sleep los morros salían y salían del escenario, parecía la escena de los Simpson cuando las ratas huyen del bar de Moe, me sentía con la responsabilidad de avisarles que esos ancianos ahí como los veían, mugrosos y con panzas colgadas son unos de los máximos exponentes del Stoner Rock y era un privilegio verlos en vivo, no se vayan chavos, miren, esta re suaaaave. Es normal ese sonido, así suena una guitarra, no se me espanten. chiaaaa.

Que otra señal puedo dar de senectud que cuando termino Sleep voltee a ver a mi hermano y le dije sacarme de aquí por favor, solo quiero embriagarme y no saber mas.

Después de leer y leer lo que acabo de escribir y de recordar no puedo dar otro veredicto: Ya no estas en onda, ya ni siquiera se dice estar en onda; el festival estuvo increíble, por todos lados lo leo y lo veo, lo sé, sé que estuvo de huevos. Pero por alguna razón mi experiencia fue plana, ah si, es que ya estoy ruca. Bienvenidos al diario de un chavo ruco. Nos vemos en NRMAL 2019.

 

 

 

Referencias.

Heat Joseph y Potter Andrew (2004): Rebelarse vende. Editorial Taurus. Canada